INMIGRANTES EN BENIDORM por Manuel Palazón

Manuel Palazón

Ahora se utiliza frecuentemente el término migrante, que viene a significar el que se mueve de un país a otro, sin hallarse fijo en ninguno. Yo siempre estudié que los emigrantes son los que se van de un pueblo, región o país, e inmigrantes los que llegaban. Pues bien, hoy quiero hablar de los que llegan a Benidorm en busca de trabajo o debido a sus negocios (los que simplemente vienen a pasarlo bien y después se marchan son los turistas).

En casi dos años que llevo haciendo entrevistas a personas relevantes de Benidorm de los últimos cincuenta años, una de las preguntas obligadas trataba de cómo se han integrado los que vienen de fuera con los naturales de esta ciudad. La respuesta, casi unánime, es que la integración se ha desarrollado de una forma correcta porque Benidorm es una ciudad acogedora: muchos de estos inmigrantes (manchegos, andaluces, etc.) han aprendido la lengua autóctona y han llegado a casarse con hombres y mujeres de aquí. Y es más: participan en las fiestas de Benidorm, sean las patronales, las hogueras o los moros y cristianos.

Pero nadie me habla de un problema evidente: los inmigrantes que proceden de otros países, como Paquistán, China, Rumanía, Rusia, Bulgaria e, incluso de repúblicas americanas, muchos de los cuales defienden negocios como tiendas de móviles, locutorios, fruterías, etc. No se integran en absoluto, permanecen en guetos, no asimilan casi nunca ninguno de nuestros idiomas oficiales… ¿O alguien los ha visto acudir a una representación teatral, a un concierto, a una conferencia, a una exposición de pintura? En lo cultural, en lo deportivo, en el ocio, no se mezclan en absoluto con la población española. No digo que sea bueno o malo, que se deba corregir esa situación; solamente declaro una evidencia manifiesta. ¿O no están conmigo?

Manuel Palazón