“Desde Bélgica” por Manuel Palazón

Donde transcurren mis vacaciones estivales durante cuatro semanas: paseos, lectura, cervezas y playa. Así llevo casi cincuenta años, durante los cuales he observado detalles que me han llamado la atención: por ejemplo, hace unos cuantos lustros descubrí en la playa de Ostende el top-les, cuando en Benidorm se veían apenas; en la actualidad, parece que nuestras playas rebosan de top-les y por estas latitudes han disminuido.

Otra cosa curiosa: en España, no hay prácticamente ancianas, pues las mujeres, a partir de cierta edad, se tiñen de rubias, de pelirrojas… En Bélgica no hay tanta costumbre del tinte: se ven muchas cabelleras blancas.

En otro orden de cosas van por delante, al igual que otros países, en la instalación del carril bici, de la construcción de rotondas, de prácticas legales como el aborto y la eutanasia… Otra diferencia: aquí se puede elegir el médico que se quiera, al que hay que pagar una cantidad simbólica; luego reembolsan un porcentaje de lo que se pagó (no sé si es mejor o no); por otra parte, médicos y enfermeras se personan en los domicilios de los pacientes.

Por lo demás, están igual que en España: falta de lluvia, oleadas de calor, eliminación de gastos superfluos, desabastecimiento en los supermercados, inflación… Yo, a lo mío: a Bélgica traigo vino, aceite, ajos, melones, chorizos… Y a España me llevo cervezas, quesos y chocolate.

Manuel Palazón