«A papel sabido no hay mal actor» por Manuel Palazón

Es una frase que he oído muchas veces; sin ir más lejos, en Benidorm, a una magnífica actriz de otros tiempos.

No recuerdo si lo dijo defendiendo ese mensaje o atacándolo. Yo voy a expresar mi particular punto de vista.

Como director de teatro que soy, agradezco infinito que el actor sepa al dedillo su papel: eso le da mucha confianza a él y a mí, pues no tengo que estar pendiente de soplarle en ningún momento. Vamos a suponer que al 80 % de una obra de teatro se sostiene si los actores son fieles al texto (por lo pronto, el autor se sentiría satisfecho).

Pero ahí no radica todo; para ser un buen actor, además, es necesario saber moverse en el escenario, gesticular con las manos y, sobre todo, con la cara, con la boca y los ojos, para manifestar alegría, ansiedad, miedo, conformismo y un largo etcétera.

Y no es nada fácil; por lo tanto, el buen actor debe conocer la técnica del movimiento en escena, debe controlar la respiración y proyectar la voz sin necesidad de gritar, vocalizar y decir el texto con las correspondientes pausas y el ritmo que requiere el diálogo…

En los numerosos grupos de teatro existentes en los pueblos, el que más sabe se erige en director y solamente exige que el actor se sepa el papel; lo demás queda ad líbitum.

En las escuelas de teatro, se enseña relajación, a respirar y múltiples ejercicios dirigidos a comportarse en escena como es debido; el texto vendrá después. En conclusión, decir el texto de memorieta, sin más, es insuficiente para ser un buen actor.

Manuel Palazón