Carlos Mazón va a por todas, por Antonio Zardoya

Por Antonio Zardoya

Antonio Zardoya

Como era de esperar, el presidente de la Diputación de Alicante, Carlos Mazón, arrasó en las primarias del PP del pasado viernes, aplastando literalmente a su rival, José Vicente Anaya: vinculado al expresidente Francisco Camps, el mismo que en un momento dado llegó a creerse representante directo de los designios del pueblo valenciano mientras un trocito importante de la elite pepera se dedicaba a robar a espuertas. A Dios rogando y con el mazo dando.

Podría reprochársele a Mazón su vinculación directa con Eduardo Zaplana que es quien lo encumbró en la política, primero como director general del Instituto de la Juventud, luego en el segundo escalón de la Conselleria de Comercio. Zaplana, envuelto en una espiral de presuntas mordidas, de testaferros, y de cuentas opacas en paraísos fiscales. Es lo que le reprochó (a Mazón) el portavoz de Compromís en la Diputación, Gerard Fullana, en el último pleno: a bocajarro y con regalo envenenado: el libro Ciudadano Zaplana del periodista Francesc Arabí.

Yo personalmente albergo la convicción de que los partidos de izquierda (Cs, ya ni cuenta, y tampoco es de izquierda) han rastreado hasta la partida de nacimiento de don Mazón. Y lo seguirán haciendo a ver si encuentran algún hilillo conductor que le vincule con los trapos sucios de Zaplana, o con los de José Joaquín Ripoll (imputado en uno de los ramales del caso Brugal), de quien también es heredero en menor medida. No creo que encuentren nada.

Al margen de esto, al PSPV/PSOE, a Ximo Puig en definitiva, le ha salido un competidor de primera categoría por dos razones esenciales: 1) Porque Mazón se lo cree; y 2) porque va a por todas. Es una cuestión casi de psicología política. Se ve a sí mismo como presidente de la Generalitat, asunto que se puede acelerar si Puig convoca elecciones anticipadas para desvincularse de la marca “Pedro Sánchez”, en caída libre. Hay tercer vector que beneficia a don Carlos, que ha heredado, para bien, de su mentor Zaplana: la centralidad política; y además tiene también don de gentes. Mazón es la antítesis directa de ese PP “cristiano”, por llamarlo de alguna forma, que encarnaron Rita Barberá, Camps, los Cotino… Lo cual le distancia en el plano personal de Vox, partido del que tendrá que depender en el hipotético caso de que arrasara en las elecciones autonómicas, pero no lo suficiente, y teniendo en cuenta que las posibilidades de pervivencia de Cs en Les Corts son en estos momentos de 0,1 (las de Unidas Podemos son de 0,2, para desgracia de los socialistas).

Pero una cosa es la distancia personal de Vox y otra es la realidad: su amigo, y Gran Mentor, Teodoro García abortó la moción de censura de Murcia pasteleando con tránsfugas de Vox y dándoles la Consejería de Educación. Sin escrúpulos y a careta quitada. ¿Qué hubiera hecho Mazón en esa tesitura?…

La irrupción de Mazón en la política regional es positiva en tanto en cuanto va a pluralizar el debate, la diversidad de opiniones, y la recomposición del centroderecha, que no es moco de pavo. Y dar carpetazo definitivo a los tiempos oscuros de la corrupción, tiempos en los que se sacaba tajada hasta de los váteres portátiles que se instalaron cuando el Papa Emérito visitó Valencia. También es positivo que un alicantino se ponga de nuevo a “vertebrar” la Comunidad, expresión icónica de Zaplana. Aunque los tiempos hayan cambiado: a Ximo Puig solo le falta fijar su residencia en Alicante.