El president de la Generalitat, Ximo Puig, asiste al acto cívico en recuerdo de las víctimas de la pandemia y en homenaje a los servicios esenciales de la ciudad, en la Plaza del Ayuntamiento de Valencia, Comunidad Valenciana (España), a 23 de julio de 2020. Rober Solsona / Europa Press (Foto de ARCHIVO) 23/7/2020

Hay que respetar las decisiones del presidente de la Generalitat Valenciana, qué duda cabe. Pero, en mi opinión, se está comportando con demasiada precaución. Y me explico.

Parece ser que, a partir de marzo, se limitarán las restricciones de movilidad y, sobre todo, se dará paso a que los bares y restaurantes abran sus puertas. Lo tenía que haber hecho ya.

No solamente los hosteleros, sino una gran parte de expertos sanitarios opinan que, si extremamos las precauciones, no hay ningún peligro en dejar que la gente vaya a comer a las terrazas de los establecimientos, de 2 a 5 de la tarde, por ejemplo, aunque sea limitando los grupos a cuatro personas e incluso solamente a los convivientes. ¡Pero que la gente salga y los pequeños negocios no se arruinen!

Más les valdría a las autoridades vigilar, controlar y expedientar a todos aquellos que se reúnen sin permiso, que celebran fiestas ilegales y se burlan de la policía. A veces hay detenidos, pero quedan en libertad con cargos. Y las multas, ¿son preventivas o realmente se pagarán algún día? Por viene la relajación; y la gente lo sabe.

A todo esto, me consta que amigos, familiares y allegados siguen reuniéndose en domicilios particulares. Y, como dice Ximo Puig, no van a poner un policía en cada puerta. Si encima añadimos la nefasta educación cívica de los ciudadanos… Eso por no hablar de las movilizaciones en algunas ciudades pidiendo la libertad del rapero Hasél.

Bochornoso: dañan el mobiliario urbano saquean las tiendas y provocan a los agentes. Y éstos no cargan porque pueden ser criticados duramente. Así va España: relajación, descontrol y un gobierno en desencuentro continuo que se lava las manos desde sus despachos.