Tengo que dar la razón a Pablo Iglesias por aquello de la «Anormalidad Democrática» de nuestro País.

Es «Anormalidad Democrática» entrar en un gobierno con ministerios y vicepresidencia cuando sólo te ha votado un escaso 13%, gracias a una defectuosa regulación que permite ostentar poder a las minorías en el congreso.

Es «Anormalidad Democrática» querer controlar la fiscalía y el poder Judicial desde el legislativo. Es «Anormalidad Democrática» pretender clasificar la apología al terrorismo y a la violencia como libertad de expresión y a la vez querer controlar y someter a los medios de comunicación sólo por criticar tu gestión.

Es «Anormalidad Democrática» criticar a la casta y hacerte de ella, vituperar a los ricos y forrarse, denostar a investigados y corruptos a la vez que te condenan por saltarte la ley, que los políticos decidan sobre sus propios sueldos y beneficios.

Es «Anormalidad Democrática» que te ocupen una propiedad con derechos sobre los tuyos propios, que tengan más ayudas y derechos los que no son de aquí sin ni siquiera exigirles integrarse.

Es «Anormalidad Democrática» que no permitan hablar en nuestro propio idioma, que adoctrinen a los estudiantes con mentiras históricas por intereses ideológicos, que se prefiera aleccionar a los más jóvenes para convertirlos en votantes ignorantes manipulables, en vez de enseñarles valores morales y educarlos para que prosperen, y piensen por si mismos…

Sí señor Iglesias, tiene usted razón; España padece de «Anormalidad Democrática» y entonces, ¿A qué espera para dejarnos en busca de otros países más democráticos a la medida de su intelecto? Seguro que todos entenderemos su marcha