De cualquier mañana, desde hace semanas, en todas partes. La detención del disidente ruso, los escándalos de Trump, el desastre económico del Brexit. La violencia machista, el máster de Cifuentes, las controvertidas elecciones catalanas, la prórroga de los ertes, los desencuentros entre gobiernos sobre las vacunas, los toques de queda, los okupas, Puigdemont y los exiliados en el franquismo, el paso de Filomena, el colapso en los hospitales, el autoconfinamiento… ¿Es que no hay ninguna noticia buena? Lo que hay es un cierto pasotismo o ineptitud por parte del gobierno, las exageraciones de la prensa, el desaliento de los ciudadanos, que desemboca en miedo, ansiedad, depresión. Todos echan la culpa a los demás porque nadie lo hace bien (es muy difícil hacerlo bien). Incluso los expertos difieren en opiniones y consejos. Yo les diría a los políticos que deberían ser más humildes; y a los ciudadanos, que se armen de paciencia. Vayamos a lo positivo, que nos concierne a todos y a cada uno de los españoles: prudencia y honestidad. En nuestra mano está el salvar vidas, el resurgimiento de la economía, la estabilidad del empleo… Y cuando todo esto se consiga, ya nos preocuparemos del ocio, de la cultura y del deporte. Todos estamos perdiendo con la pandemia, desde los empleados por cuenta ajena hasta los autónomos, desde los artistas hasta los dueños de negocios. Aprendamos la lección de los generosos: ayudar a quietar la nieve, colaborar con los bares obligados a cerrar, llevar comida a los necesitados: servicios esenciales. Y, sobre todo, autoconfinamiento voluntario. ¿Y qué hacer con las fiestas ilegales, con las aglomeraciones innecesarias, con los negacionistas, con los extremistas? Mano dura: aplicar la ley.

Manuel Palazón