Recientemente vi una película en la televisión: “El abuelo”, homónima de una novela de Benito Pérez Galdós, fallecido en 1920, por lo cual este año se le está reconociendo como escritor de gran valía, quizá el mejor después de Cervantes. Para mí, su mejor novela es “Misericordia”, aunque hablan de “Fortunata y Jacinta”, texto de tan amplias dimensiones que, como el Quijote, nadie se lo ha leído. En 1920 Valle-Inclán dio a conocer el esperpento con “Luces de bohemia”, quizá la mejor obra teatral de todo el siglo XX. La correlación de acontecimientos me viene a la cabeza por dos figuras humanas: una es el abuelo, interpretado magistralmente por Fernando Fernán Gómez, un personaje trasnochado, anclado en valores como el honor, firme y enérgico, valiente y acosado por sus enemigos; la otra figura es la de Max Estrella, protagonista de “Luces de bohemia”, trasunto del propio autor. Pero no para ahí la cosa: el abuelo, canosas barbas y bastón en ristre, me recuerda al propio Valle-Inclán, hombre valiente y atrevido, firme en sus convicciones. Y ahí termina mi reflexión y la concatenación de dos circunstancias en torno al mismo año de 1920. Un siglo después, invito a mis lectores a que lean “El abuelo” (o vean la película con un elenco de destacados actores) y “Luces de bohemia” (también hay una película con Paco Rabal como protagonista). Les aseguro que no quedarán defraudados.

Manuel Palazón