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Pescando en medio del vendaval

_CARLOS MORA
pescaEn la actualidad esta comarca y muchas otras ubicadas en las costas mediterráneas viven principalmente del turismo. Sin embargo, esta situación era muy diferente hace varias décadas. En antaño muchos de los pobladores del litoral mediterráneo, principalmente subsistían de la pesca, cuestión que por las condiciones naturales que ofrece este entorno aún prevalece, pero en el que cada vez hay menos personas, eso se debe a factores como los avances tecnológicos, pero también a la normativa que con el paso del tiempo se ha ido endureciendo más.

En la Marina Baixa podemos encontrar 3 cofradías de pescadores, una establecida en Benidorm, otra en Villajoyosa y una más en Altea, según datos de la Federación Provincial de Cofradías de Pescadores de Alicante, entre las tres aglutinan un volumen de producción anual equivalente a las más de 4.000 toneladas de producto marítimo, el cual se consigue gracias a la labor realizada por las 62 embarcaciones registradas ante esa misma entidad.

Las cofradías son agrupaciones sin ánimo de lucro que aglutinan a los pescadores con el fin de gestionar y solucionar las diferentes cuestiones que puedan surgir en el día a día. Además de la defensa y representación de los intereses de los pescadores, facilitándoles los trámites ante los distintos órganos marítimo-portuarios relacionados con la actividad pesquera, las Cofradías desarrollan los siguientes servicios:
-La subasta en la lonja, que explota la propia Cofradía asegurando el cobro de la venta a las embarcaciones.
-A través de las ventas, colabora con la Administración en la recaudación y liquidación del IVA, renta, tarifas portuarias, cotización en la Seguridad Social, etc.
-Suministran sal, envases, combustible, hielo procedente de sus fábricas instaladas a pie de muelle, además de instrumentos o maquinaria para el uso necesario de cualquier operación portuaria.

Este asociacionismo no es nuevo, se tienen datos de agrupaciones con características similares desde tiempos de los romanos. En Altea existen pruebas de la asociación Gremio de Pescadores y Mareantes (1867), de la sociedad de socorros mutuos Hijos de la Noche (1902) y de la sociedad de pescadores La Marítima (1918).

Regularmente las Cofradías están constituidas por la Junta General, la Junta de Cabildo o Directiva y el Patrón Mayor. La Junta General es el órgano supremo de decisión y está compuesto por el mismo número de armadores-empresarios y trabajadores de la mar. La Junta del Cabildo o Directiva es la encargada de desarrollar y ejecutar los acuerdos de la Junta General. Y todo ello está presidido por el Patrón Mayor, que es elegido cada cuatro años a través de un proceso electoral, donde se renuevan todos los cargos.
Desde el sector pesquero se lamenta que en muchas ocasiones, las normativas cada vez más estrictas redundan en dificultades y en menor rentabilidad para su labor.

Antonio Lloret, Patrón Mayor de la Cofradía de Pescadores de Altea, comenta que «los pescadores se ven afectados por factores adyacentes a su labor como los  precios del gasoil, el pago de impuestos, los parones biológicos y la crisis económica». A causa de este último aspecto, dice que «se han estancado los precios y de hecho en algunos casos, no solamente no suben, incluso descienden». Este hombre de la mar recuerda como «en otras épocas, incluso establecimientos como restaurantes y hoteles acudían directamente a adquirir el pescado porque los volúmenes que requerían así los obligaba. Ahora con la caída en el consumo, esto ya no es muy frecuente».

Lloret pone un ejemplo práctico al hablar de las Gambas Rojas, un producto muy cotizado, pero que por su elevado precio se ha dejado de consumir, lo que ha hecho que el kilo se venda en la actualidad por 60 o incluso hasta por 50 euros. Cuando hace tan sólo unos años se ofertaba hasta por 100 euros. A raíz de esta bajada en los precios las embarcaciones ya se lo piensan dos veces antes de internarse en las aguas en busca de este crustáceo.

El Patrón Mayor Alteano también hace hincapié en la llegada de pescados provenientes de otras aguas. Especialmente lamenta, que en muchos casos el producto que se ofrezca al consumidor no sea de la mejor calidad, ni cumpla con todos los controles fiscales y sanitarios que rigen a la pesca local, aunque de forma recurrente es elegido por los compradores debido a su precio inferior.

Una forma de vida

Es cierto que ser un hombre de la mar, es un estilo de vida muy particular, no cualquiera es capaz de ganarse la vida de esta manera ya que es una profesión dura, que implica sacrificios y riesgos.

En la actualidad, diversos factores hacen aun más difícil ganarse la vida de este modo. Por los mismos avances tecnológicos las embarcaciones de arrastre, predominantes en la comarca, que antes requerían a diez marineros, ahora con la mitad pueden realizar la faena, por lo que los pescadores ven mayor dificultad para encontrar trabajo.

También hay que mencionar que el nivel de vida ha disminuido, lo cual resulta obvio por todos los factores económicos que en la actualidad afectan a todo el país, además habiendo conocido las impresiones de Antonio Lloret sobre la situación actual que se vive en el sector pesquero, resulta aun más fácil de deducir.

Desde el momento en que un joven decide dedicarse a la pesca, debe cumplir con ciertas certificaciones, otorgadas por el ministerio de fomento y que avalen su capacitación. Algo que no ve con malos ojos Antonio Lloret, lo que lamenta es que «los jóvenes tengan que acudir hasta Alicante a realizar los cursos, cursos que además no se hacen con regularidad», Lloret recuerda que hace algunos años, cuando él era Patrón de Embarcación, «venían los jóvenes y yo era responsable de enseñarlos y de cuidarlos, sus padres me entregaban esa responsabilidad y yo se los devolvía con bien al final de cada jornada, así se formaban en las artes de la mar».

También sobre normativa y legislación, el Patrón Mayor de la Cofradía de Pescadores de Altea manifestó su descontento con la persecución que sufren por parte de la guardia civil. «Somos trabajadores no somos delincuentes, somos hombres de la mar que vivimos de lo que nos da. Muchas veces cae en la red pescado pequeño, pero es por accidente, eso es parte de nuestra labor. Creo que debería haber más tolerancia porque tirarlos es tirar dinero a la basura y ese dinero nos hace falta». Lloret enfatizó que la cofradía cumple con las normativas, de hecho tienen marcado el parón biológico, para el próximo Octubre, parón que desde luego cumplirán a rajatabla. Por tanto lo que reivindica es que haya mayor flexibilidad y comprensión por parte de las autoridades. «Además -apunta Lloret- no todo el accionar de las administraciones es perjudicial para el sector, quienes se dedican a este oficio reciben una subvención para cubrir los gastos del gasoil que requieren para salir en busca del producto, de igual manera si algún motor de sus embarcaciones se atrofia, el estado les otorga una ayuda para sufragar parte de los costes que les pueda acarrear la reposición del motor».

La Cofradía de Pescadores de Altea
La cofradía que visité para llevar a cabo este reportaje es la de Altea, una cofradía que cuenta con 10 embarcaciones de Arrastre, cabe mencionar que hubo un tiempo en el que zarpaban desde su puerto 27 naves de este tipo.

Las embarcaciones de arrastre utilizan una red de enmalle con forma de bolsa que, en contacto con el fondo, se remolca para recoger el pescado. Se compone de cinco partes claramente diferenciadas: alas, vientre, cielo, copo y saco. Este tipo de pesca se practica frente a nuestras costas y en el canal de Ibiza-Alicante en fondos no inferiores a los cincuenta metros, llegando incluso a los seiscientos metros de profundidad. Antonio Lloret nos mencionó que las naves de la cofradía no suelen adentrarse en el mar más allá de las 35 millas.

Por otro lado, aunque no es la práctica más habitual, la cofradía cuenta con tres barcos de cerco, esta es una de las artes más empleadas en la provincia, sin embargo por las características de la pesca que se desarrolla en la comarca, este tipo de embarcaciones sólo se utilizan en la temporada de sardina, temporada en que llegan una importante cantidad de embarcaciones procedentes de otros puertos. Durante esa temporada el puerto alteano alberga hasta 500 pescadores que acuden en busca de este pescado.

Para surtir y proveer a los pescadores que colaboran con ella, la Cofradía de Altea cuenta con surtidor propio de gasoil para los navíos, de igual manera abastece a los camiones y automóviles que acuden a ella. Cuenta con un almacén de pertrecho donde se expenden: cables, sacos de sal, papel, balas de papel, aceite, rollos de plástico, láminas de plástico, plásticos, cajas de plástico, cajas de poliexpan, bombillas, boyas, trapos, trajes de agua, botas de agua...

La subasta

A partir de las 17:00 horas del día comienzan a llegar las embarcaciones, ya en el puerto descargan el producto que luego se exhibe y se ofrece para que los compradores (en el caso de la lonja alteana mayoristas) puedan pujar por él en una subasta. La subasta consiste en una pasarela que presenta los pescados, crustáceos y moluscos obtenidos durante la jornada, una cámara los capta y permite a los asistentes apreciarlos con mayor lujo de detalle. Además nos comentó el Patrón Mayor, que esa subasta podría ser seguida vía Internet, para que por esa vía la gente pueda pujar desde su casa por medio de un ordenador.

Ese es uno de los últimos pasos antes de que el pescado llegue hasta los exhibidores donde lo podemos adquirir, eso si, a un precio aun mayor del que se paga a los pescadores. Quitando un poco de hierro a los intermediarios, Antonio Lloret me explicaba que al igual que los pescadores, los comerciantes tienen que costear una serie de gastos para hacer que el fruto de la mar llegue hasta el consumidor final, hablaba de procesos de conservación, transporte, almacenamiento y distribución. En todas esas fases se requiere maquinaría, recursos humanos y una serie de insumos como combustible. En definitiva toda una serie de factores que hacen que el precio se incremente de manera considerable antes de llegar a nuestras mesas.

Así que, ahora ya puedo entender porque a veces me saldría más barato comerme un anillo de oro, que una gamba roja. Eso sí, no hay que olvidar que el precio se incrementa a lo largo de muchas fases del proceso y que los gremios que generan u obtienen estos productos primarios, suelen ser los más vulnerables y los que menores beneficios ven dentro de la cadena productiva.

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